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29 mayo 2023

Carta de confidencialidad

 La carta de confidencialidad


‘Hay confianzas que matan’.  Refrán popular


Prácticamente la totalidad de las personas con actividad empresarial, y los negocios, realizan sus funciones para uno o más clientes, con uno o más proveedores, y dependen de una o más personas. Si bien esto suena casi redundante, tiene una importancia capital: La protección de los datos que se manejan en todas las transacciones comerciales.

Cuando usted tiene un cliente, con toda seguridad habrá un contacto, una frecuencia de compra, una cantidad por cada transacción, quizás unas especificaciones de un producto o servicio. Esa información es clave en manos de la competencia, de un empleado desleal que quiera establecer su propio negocio (después de haber aprendido con usted) o de alguien que quiera perjudicar a su cliente. En reciprocidad, su cliente tendrá los datos de lo que usted le vende, cada cuando se lo vende, a como se lo vende, como se lo hace llegar. Y también a usted le puede perjudicar que esa información salga de control, que caiga en manos ajenas.

Ahora, multiplique esta situación por la cantidad de clientes, proveedores y empleados y verá que puede una experiencia difícil: Imagine que un empleado venda la lista de sus clientes a la competencia, o que se la lleve cuando se entera que usted lo va a despedir. Simplemente, le harían un gran daño al negocio. Un caso adicional: Usted le maquila a una empresa un producto, y cobra una cierta cantidad porque debió hacer pruebas, porque tuvo que pasar por un proceso de desarrollo, pero uno de sus empleados se lleva una copia de las especificaciones y decide cobrar un 20 o 30% menos y ofrecérselo a su mismo cliente, simplemente porque ese empleado no carga con los costos de desarrollo. O imagine que los datos de sus proveedores son utilizados para abastecerse y poner un negocio igual al suyo, sólo que en la acera de enfrente. Todo eso puede resultar de una fuga de información. O bien, que uno de sus empleados venda las especificaciones de un componente clave en un producto a un proveedor competidor del actual.

Generalmente, las empresas grandes hacen firmar, al momento de la contratación, a sus empleados cartas de confidencialidad, en que expresan que la persona en cuestión estará en contacto con información que no puede ser copiada, extraída, divulgada, respaldada, usada en beneficio propio o de terceros sin el consentimiento expreso de la firma. Ese cúmulo de información está considerada como ‘secreto comercial’ y amparada en las leyes de protección industrial, de modo que en un plazo (que regularmente va de 3 a 5 años) el empleado que renuncie o sea despedido no podrá divulgar ninguno de esos datos.

Pocas empresas, verdaderamente pocas, tienen este tipo de salvaguardas. Así, una secretaria se va con la cartera de clientes, con la agenda del patrón; un empleado de mostrador puede llevarse precios, proveedores y clientes; un ingeniero de desarrollo (por ejemplo, en empresas de software) puede llevarse especificaciones o códigos altamente valiosos para las empresas; una persona del departamento de calidad puede tener acceso a formulaciones que resulten clave en la vida de las empresas (como farmacéuticas, químicas, alimentarias). Y no hable de inventarios, equipos de medición, plantilla de personal, roles de vigilancia, etc.

La carta de confidencialidad debe existir como signo de protección mutua entre clientes y proveedores. En este sentido, cuando un empleado se vaya o sea separado de su puesto, debería generarse (al amparo del acuerdo de confidencialidad) un comunicado para que clientes o proveedores no sean sorprendidos por un oportunista. ¿A poco no ha llegado alguien, en nombre de una empresa, a ofrecerle productos más baratos, sin factura, en cantidades diferentes de las acostumbradas? Y cuando averigua, resulta que el tal empleado ya no labora con esa empresa, pero aprovecha el contacto.

En mi experiencia, muy pocas empresas cuentan con este documento, por lo que la información de sus clientes, proveedores, estados bancarios, puede ser difundida sin impedimento legal, a pesar de las disposiciones en materia de datos personales. Y luego se preguntan los empresarios porqué su empleado se fue con la competencia y le fue mejor –pues claro, se llevó parte de la sangre del negocio del cual salió.

Si no tiene este documento, le sugiero que se asesore con un buen abogado para redactar una carta de confidencialidad, y que todos los empleados la lean y la firmen. En este punto, quiero prevenirlo de algo: Hay empleados que no están de acuerdo con ella, que se dicen ofendidos (al ser sujetos de desconfianza), y que prefieren irse antes que estampar su firma. Tenga cuidado, porque generalmente eso ocurre cuando ya han dado los primeros pasos en el robo hormiga de datos valiosos; por ello, tenga un buen apoyo legal-laborista, para que no vayan a sorprenderlo. He visto casos tristes de comercios, escuelas, agencias turísticas, restaurantes, aseguradoras, que por no prever, estuvieron al borde de la quiebra al ser víctimas de su propia ignorancia o exceso de confianza.

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Rotación y ausentismo

 Rotación


‘El empleo es el médico natural y es fundamental para la felicidad humana’.
Galeno


Como parte de mi experiencia en el mundo de las empresas, he visto que uno de los temas elocuentes en la salud de la organización es el cambio de personas: La contratación, despido, alternancia en los puestos, o lo que llamamos genéricamente ‘rotación’.

Vamos a considerar como parte de la rotación, la fracción de los días totales trabajados en el año, multiplicado el número de empleados, en que hubo cambios en los puestos. De esta forma, si tiene 10 empleados y fueron 300 días trabajados en el año, tendría un total de 3000 días disponibles; durante ese año, en los diversos puestos hubo cambios y se tuvieron 59 días sin cubrir las plazas lo que arroja un valor de 1.97% de días en que no se cubrieron formalmente las plazas.

También como parte de la rotación debemos considerar las entradas y salidas de los empleados: El número de empleados al final del periodo sumado al número de empleados al inicio del periodo, dividido entre 2, y todo eso dividido entre el total de trabajadores en ese periodo, lo cual nos va a dar un porcentaje. Imagine nuevamente una empresa con 10 empleados nuevos al final del periodo más 10 empleados que salieron durante el periodo, entre 2, es otra vez 10, y este valor dividido entre 10 (el total de empleados en el periodo) y tendremos un valor de 100%.

Algunas personas sólo consideran la rotación como la salida-entrada del personal, pero eso podría darnos una idea equivocada: Puede haber un puesto determinado que sea difícil de llenar, y que constantemente esté vacante, pero el resto de las personas podrían estar desempeñándose eficaz y eficientemente.

Entonces, tenemos dos valores clave en el comportamiento de la organización: Cobertura de plazas, y rotación (ingresos-salidas). La recomendación de los expertos es que la cobertura de plazas no sea mayor al 1%, así como la rotación, debido a que esos altibajos en la organización son fácilmente detectables por los clientes, son causa de incumplimiento a los procedimientos, o cansancio excesivo de los trabajadores que deben cubrir las vacantes y hacer su propio trabajo.

Ahora bien: Un valor bajo de rotación de personal (menos del 1%) no significa que se tenga una empresa saludable, pues puede deberse a que la empresa se ha ‘acomodado’, que los trabajadores hacen sus labores bien, sin dar motivo para ser removidos, pero no significa que estén haciéndolo suficientemente bien para separarse de la competencia .

Como asesor de empresas, le puedo decir que la rotación es un síntoma de una mala selección (originada por un mal entendimiento entre el área con la vacante y aquella que recluta), o de un mal clima laboral (satisfacción con el trabajo, sueldo, condiciones inseguras), lo que podrá desatar insatisfacciones de los clientes internos y externos.

La elevada rotación del personal en las empresas deriva en la imposibilidad de llevar a la práctica planes de largo plazo, la continua necesidad de capacitación –lo que de paso, eleva este gasto sin que haya una verdadera retribución, pues el talento y/o conocimiento se va- la elevada curva de aprendizaje, la necesidad de presentarse con los clientes y proveedores, y la idea de una organización poco seria o estable, por no hablar del trabajo administrativo para las altas/bajas, el gasto en uniformes, primas de seguros, etc.

Estos valores de rotación y cobertura de plazas deben formar parte de los signos vitales de toda organización –el tablero de control gerencial, en el apartado ‘formación y crecimiento’-,  monitorearse al menos trimestralmente, y detectar las causas que han elevado las salidas de los empleados, para trabajar en ellas logrando los fines económico y social: Generar riqueza y ser responsable de los empleados que hacen posible la creación de dicha riqueza.


Ausentismo


‘El trabajo más productivo es el que nace de las manos de un hombre contento’.
Anónimo


Tanto la rotación como el ausentismo forman parte del panorama de salud organizacional, y se engloban en la sección de ‘Formación y Crecimiento’, de que habla el Tablero de Control Gerencial o Balanced Scorecard.

Por principio, el ausentismo es la falta de una persona a su lugar de trabajo, por uno o varios días, pudiendo deberse a capacitación, accidente, enfermedad, vacaciones, traslado por motivos de trabajo, u otras. Para efectos del cálculo global, no voy a diferenciar en este momento si es un asunto personal o de la empresa, simplemente no estaba en su lugar de trabajo en determinado día, lo que sobrecargó las actividades de otras personas, o se quedaron tareas inconclusas.

Igual que lo hicimos en tema de Rotación, vamos a manejar algunos números para facilitar el entendimiento: Consideremos que tiene 10 empleados y fueron 300 días trabajados en el año, lo que hace un total de 3000 días-hombre; durante ese año, la gente faltó a sus puestos de trabajo durante 100 días, lo que arroja un valor de 3.33% de ausentismo.

Anteriormente dijimos que no íbamos a hacer una diferencia para el cálculo global. Un valor de 3.33% me parece razonable, toda vez que por el simple hecho de otorgar las vacaciones que por ley les corresponden a los empleados, estaríamos llegando a ese valor. Sin embargo, una vez que se ha entendido el concepto, si puedo aconsejar a las personas que decidan monitorear este valor, que hagan dos gráficas: Ausentismo total, y Ausentismo por causas ajenas al trabajo –específicamente cuando se solicitan permisos ya que puede ser una señal de alarma en la empresa, pues la gente busca cualquier pretexto para no estar en su trabajo, lo que significa que no tiene puesta la camiseta y que pronto puede emigrar.

Hagamos un nuevo ejercicio numérico: De los 3000 días-hombre, 100 días fueron por periodos vacacionales de ley, pero otros 100 días fueron por permisos para faltar por acompañar a un familiar al doctor, por festivales en la escuela de los niños, para ir al banco a pagar alguna deuda, o cualquier otra razón extralaboral. Como resultado, usted tiene un ausentismo global de 6.67% (200/3000), y la mitad de eso (3.33%) no es justificable laboralmente, y le causa perjuicios a su quehacer cotidiano: El mensajero que no llegó, el cajero que pidió permiso (y alguien lo tiene que suplir), el vendedor que no asistió a una junta programada, el empleado administrativo que tiene las llaves de la bodega y que paralizó la oficina por su ausencia, el contador encargado de la nómina, etc.

Por todas estas razones que entorpecen u obstaculizan las actividades, muchas empresas están renuentes a dar algún permiso (o lo cargan a la cuenta de ‘días de vacaciones’); los expertos aconsejan que no se rebase un valor de ausentismo del 2% por razones extralaborales. Muchas veces esa restricción de salir o ausentarse crea complicaciones para situaciones en las que la empresa podría ganar: Asistencia a ferias, a cursos de capacitación, a visitas a proveedores, juntas de comités para seguridad en los parques industriales, y más.

Es muy importante que se identifiquen las causas por las que la gente falta al trabajo, para poner remedio porque el proceso sufre y el cliente lo nota. Y es vital para los resultados de negocio a corto y largo plazo, que se mantengan monitoreados los valores de rotación y ausentismo, porque si la gente se va frecuentemente de la empresa, o la que está busca el pretexto para no llegar, hay una razón de fondo que está avisando sobre la salud de la empresa.


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18 abril 2023

⚓️ El efecto anclaje

Hace tiempo, presenté una serie de artículos sobre algunas enfermedades que aquejan a los trabajadores, independientemente de su nivel (los llamados síndromes). 

Es el turno de hablar de patrones conductuales que tenemos como especie, y que pueden actuar en nuestro beneficio o ser utilizados por alguien más para otros fines. Los llamados sesgos, es decir, los conocimientos y experiencias que forman nuestro marco mental y que se establecieron por las vivencias y conocimientos adquiridos en el pasado, muchos de los cuales ni siquiera son conscientes.

Como seres humanos, estamos sujetos a determinadas conductas que nos simplifican la toma de algunas decisiones; esto presenta una ventaja pues en algunos casos de la velocidad de las decisiones depende la supervivencia, pero cuando se entienden esos mecanismos, también se puede utilizar en contra de los propios usuarios y en favor de otros que tratan de sesgar las decisiones. Tal es el caso del efecto anclaje.

Cuando un consumidor se encuentra en una situación de incertidumbre respecto al precio de un producto, se buscan referencias, denominadas anclas que nos ayudan a decidir qué precios parecen adecuados (Casado, 2017). Por ejemplo, cuando se busca información sobre un producto más o menos conocido, y su precio se toma como referencia para el resto de alternativas, y se decide si algo es bueno o malo solamente por la referencia económica. Esto lo hacen bien algunos fabricantes, que lanzan un producto que con el tiempo se ha vuelto referencia, y líneas de producto más caras y más baratas, para mantener el rango de precios en los que se pueda mover la competencia. Si usted ve un producto que es el más conocido y regularmente vale 100 pesos, cuando llegue la competencia y trate de entrar en el mercado a un precio de 50, quizás muchas personas duden pues no está cercano al precio ancla.

Muchos de estos comportamientos los han estudiado los economistas, sicólogos y mercadólogos, y forman parte del arsenal de técnicas de que disponen anunciantes, fabricantes y comerciantes para "empujar" las decisiones del consumidor, que está sólo ante el anaquel y que muchas veces es "invitado" o incitado a comprar ciertos productos o presentaciones, simplemente al colocar en su mente una imagen o una referencia.


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28 marzo 2023

Errores más comunes cometidos al implementar un tablero KPI

Hace meses, publiqué un par de artículos breves donde exponía el por qué se hacen mediciones en las empresas: Por qué medimos en las empresas, y Decidimos medir y medimos para decidir.

Las mediciones de desempeño son la única manera de ver cómo se comporta la empresa en el tiempo, en ciertos parámetros elegidos para asegurar la supervivencia del negocio, la organización. Vealo de una manera muy simple: En un auto, usted tiene indicadores que le muestran el estado de vehículo; cuando va al doctor, también obtiene mediciones del comportamiento corporal; en la escuela, hay reportes sobre aprovechamiento, conducta. En nuestras finanzas, tenemos mediciones que nos indican los ingresos y los egresos, los ahorros, las deudas. Es decir, estamos habituados a las mediciones, o deberíamos estarlo, pero por alguna razón (costumbre, idiosincrasia, hábito o falta de ellos) generalmente no llevamos un seguimiento cotidiano o frecuente.


En mi quehacer profesional, he visto cómo algunas personas y empresas se deciden a generar un tablero de indicadores (scorecard) para seguir el desempeño de la empresa, pero hay ciertos errores que se cometen al no tener experiencia en esta práctica administrativa de planificar - hacer - verificar - corregir: 
 

1) No tener los KPI alineados con la misión, visión y objetivos, por lo que se persiguen conceptos diferentes.

2) Tratar de copiar los indicadores a la competencia o a otro negocio no necesariamente relacionado (pero atractivo).

3) Mantener KPI irrelevantes para el negocio, lo que hace que el personal pierda interés en el proceso, perdiendo de vista verdaderos KPI.

4) Establecer objetivos demasiado altos, generando desánimo al no alcanzar la meta. Si bien es importante que la meta sea retadora, para exigir el crecimiento de las capacidades, cuando la expectativa se desborda o definitivamente no se cuenta con las capacidades para la tarea, es posible que el objetivo haya sido demasiado alto y se genere desánimo desde el principio.

5) Capturar los datos, mostrar las gráficas y olvidarse, no preocuparse por mejorar los procesos.

6) Cuando todos son responsables, al final nadie se hace responsable. Esto ocurre cuando hay metas compartidas donde hay demasiadas personas involucradas pero no existe una cabeza visible y se convierte en un terreno común que nadie cuida como cuidaría uno propio.

7) Centrarse demasiado en el número y olvidar el proceso (gestión por apariencia).

8) No explicar el significado o implicaciones de los resultados a los colaboradores, particularmente a los nuevos y a quienes no están directamente relacionados

9) Usar demasiadas métricas y generar un micromanagement que busca controlar en demasía.

10) Usar una sola métrica para todo y dejar áreas clave sin mediciones. Por ejemplo, centrarse sólo en las utilidades, olvidando los procesos, las personas, la satisfacción y lealtad de los clientes.

11) Tener una sola fuente de los datos, sin comparar, para luego darse cuenta de que no era confiable esa fuente.

12) Hacer cambios en las mediciones de periodo a periodo, lo que resulta en una inmadurez de procesos y métricas relacionadas.

13) Planear los KPI sin considerar al personal de la línea, suponer que toda decisión tomada “arriba” es correcta.

14) No entender las tendencias para planeación futura. Este es un error de la dirección, que espera que el mercado no se modifique, que no vea venir a nuevos competidores e incluso nuevas tecnologías, y súbitamente el mercado deje fuera a la empresa.

15) Tener métricas claramente antagónicas, donde un departamento ganará y otro perderá.

16) Tratar de medir elementos intangibles utilizando métricas equivocadas.

Aparte de estos puntos, le recomiendo ver el siguiente video: https://youtu.be/c3CqvFmcNAw


Usted, ¿se ha enfrentado a estas situaciones, cómo las ha resuelto, conoce alguna otra que pueda compartir?

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El efecto halo y cómo influye en sus ventas

Hace algunas semanas, publiqué una serie de artículos cortos con algunos de los síndromes que se presentan entre las personas que colaboran en las empresas; ahora dedicaré algunos espacios a ciertas conductas que marcan las decisiones que tomamos.

Como personas, nos enfrentamos todos los días a situaciones en que hay que decidir cosas grandes o pequeñas; esas decisiones, cuando no hay tiempo, simplemente actuamos de manera instintiva, pero cuando si hay tiempo para reflexionar, son sustentadas en nuestros conocimientos y experiencias, los que evidentemente están limitados. Estos conocimientos y experiencias forman nuestro marco mental que muchas veces se conocen como sesgos: pensamos así por las vivencias de nuestra niñez, por lo que vimos en casa de los papás, por lo que leímos en algún momento, por lo que le funcionó a alguien en quien confiamos, por comentarios que se repiten hasta convertirse en cuasi-verdades, e incluso por la influencia de la publicidad.

Balassiano, Labianco, Martínez-Horta, Rodríguez, Rodríguez y Treco (2019, p.31), mencionan que "es un sesgo cognitivo en el cual la percepción de un rasgo particular se ve influenciado por la percepción de rasgos anteriores. Este sesgo se basa en las primeras impresiones que tienen las personas de algo en particular, sea otra persona, marca o evento."

Entre esos sesgos, hay uno que es importantísimo para nuestras decisiones de compra: el efecto halo, que significa que la experiencia con alguna persona, producto o servicio va a “iluminar” a otra experiencia, producto o servicio. Por ejemplo, usted ha conocido a personas con ciertas características corporales que en algún momento le hicieron pasar un mal rato, y hoy tiene que entrevistar a un candidato con las mismas características corporales: la influencia previa va a predisponerle para decidir algo, bueno o malo, y que pocas veces hace de manera consciente.



El efecto halo fue propuesto por el sicólogo americano Edward Lee Thorndike, por allá por 1920, en sus estudios sobre cómo las personas juzgaban a otras basándose en algunas referencias (muchas veces, incompletas), y las implicaciones que eso tenía en las conductas educativas.

Y lo mismo pasa para productos o servicios; buenas experiencias lo predisponen para dar una oportunidad a una determinada marca; malas experiencias previas lo alejan de ciertas marcas, aunque el producto sea diferente y ya hayan pasado muchos años. En este sentido, podemos hablar de halos positivos, o halos negativos.

Para hacerlo funcional, las marcas deben buscar que las experiencias con los usuarios, particularmente los nuevos, sean muy favorables para lograr en el cliente un efecto halo positivo, una especie de impronta (en mi pueblo, dicen que la primera impresión es la que cuenta). Si el usuario experimenta un error, un fallo, algo incompleto, algo negativo que no esperaba, seguro que esa primera impresión la llevará el resto del tiempo, y no sólo eso, sino que puede contagiar de ese halo negativo a otros clientes. Hace algunos años, las empresas de cómputo buscaron maneras de que el usuario no se frustrara con las conexiones, y se utilizó el acrónimo OOBE (Out Of the Box Experience), para denotar todo lo que ocurría desde que el comprador abría la caja y podía usar el equipo. ¿Usted ha medido esa experiencia, ha hecho algún ejercicio de comprador anónimo?

Y en el campo de B2B (business to business), es indispensable que el área de marketing determine los parámetros de satisfacción por las implicaciones en el devenir del negocio cuando tienen pocos clientes pero con transacciones de alto volumen.


Referencias:

Alva, A. (2022). Efecto Halo: ¿qué es y cómo aplicarlo a un negocio? https://www.tiendanube.com/blog/efecto-halo/[fecha de acceso: 28 de marzo de 2023].

Balassiano, D., Labianco, M., Martínez-Horta, S., Rodríguez, G., Rodríguez, V., & Treco, D. (2019). Impacto del efecto halo en el juego del ultimátum: ¿Es una buena impresión suficiente para tolerar ofertas económicas injustas? Palermo Business Review, (20), 25-52. https://www.proquest.com/docview/2410492167

Fernández, Tomás y Tamaro, Elena. «Biografia de Edward Lee Thorndike». En Biografías y Vidas. La enciclopedia biográfica en línea [Internet]. Barcelona, España, 2004. Disponible en https://www.biografiasyvidas.com/biografia/t/thorndike.htm [fecha de acceso: 28 de marzo de 2023].


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07 marzo 2023

🚫 Síndromes de "No inventado aquí" y "Blancanieves"

Síndrome de "No inventado aquí"

Este es una conducta que muestra un egocentrismo total: Como no se inventó aquí, no sirve, no es cierto. Es una negativa a utilizar todo el conocimiento que haya sido generado en un lugar ajeno, y más cuando se trata de la competencia; esto por supuesto tiene una gran debilidad: se pierden muchas oportunidades de aprender de otros. Es una enfermedad del ego, pensar que es erróneo todo aquello que salga de otras mentes. Por supuesto, es muy malo en las empresas, el gobierno, las familias, etc.

Además este síndrome puede acompañarse de otro: No compartido aquí, que significa que el conocimiento no circula, se concentra en unas pocas y privilegiadas manos. Para esto, se tiene que dar una conducta de censura, de concentración de la información que puede fluir en un grupo. Peligroso, y hasta tonto, pues hoy la dispersión de la información ya no es problema, sino lo contrario: hay tanta información, que cuesta trabajo organizar y decidir cuál es valiosa y cuál simplemente equivocada.


Síndrome de Blanca Nieves

En clara referencia al cuento de los hermanos Grimm, donde la madrastra preguntaba a su espejo encantado "¿Quién es la más bella del reino?" y recibía siempre la respuesta que esperaba ("Usted es la más bella"), hasta un día en que el espejo le respondió que había otra mujer más bella, es que este conjunto de síntomas ha sido estudiado por los sicólogos, particularmente en referencia a quienes no pueden creer que haya algo mejor que ellos mismos, que sólo es correcto lo que piensen, lo que hablen.

Se trata, de acuerdo con el sitio siquia.com de "la distorsión de la imagen de una persona sobre sí misma respecto a su edad y los celos que aparecen con personas que intentan superarla". Es, a todas luces, un reflejo de la inseguridad, celos, temor a ser desplazados, envidia, incapacidad de darse cuenta de una realidad que les supera. El cambio es lo único permanente, y hay que moverse al ritmo del mundo, pues puede uno rezagarse o estancarse.

En muchas oficinas, vemos cómo hay personas que insisten en que sólo ellos saben las respuestas, que nadie más que ellos pueden resolver los problemas, que toda la experiencia la concentran. Y si bien es importante tener una o varias referencias, no siempre es posible "ser la más bella del reino", o el más capaz del condado. Esto hace mucho daño en las empresas y el gobierno, pues quien padece este síndrome, cree que sólo él o ella tienen la razón, y no permiten prácticas nuevas; hace años yo escuchaba gente que era renuente a dejar las máquinas de escribir pues las computadoras "no sirven", decían, y trataban de manejar un departamento como se hacía hacía 30, 40 o más años.

Referencias:

https://www.siquia.com/blog/el-sindrome-de-blancanieves/


Le recomiendo otros artículos que hablan de diversos síndromes empresariales, también publicados en este blog:


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23 febrero 2023

Técnicas de manejo de tiempo para mejorar la productividad personal

Para la mayoría de las personas, el tiempo con que cuentan para hacer sus actividades, no les alcanza; ya sea que tengan muchas actividades, muchas metas, muchas distracciones o alguna combinación de los anteriores, generalmente las personas andan corriendo, apuradas, tratando de alcanzar el falso santo grial de la productividad: multitasking. Sin embargo, el cerebro humano no está diseñado para hacer varias cosas al mismo tiempo, se necesita tiempo de cambio (conmutación) y eso baja la productividad.



Pero hay otra solución a la efectividad: pocas tareas (lo importante) y mucha concentración. Así, avanzamos en lo realmente trascendente, sin saltar de un lado a otro, y al final del día estar cansados pero con la sensación de no haber avanzado. Y justamente, este pequeño ensayo habla de algunas técnicas del manejo del tiempo de acuerdo con las tareas que tengamos como prioridad:

1) Técnica Pomodoro: Está técnica, cuenta la leyenda, que debe su nombre debido a que para medir los minutos de trabajo, se utilizó un reloj de cocina, con la forma de un tomate rojo. 25 minutos de trabajo y 5 minutos de descanso; repetir hasta en 3 ocasiones y luego tomar un receso más largo, de hasta 15 minutos.

2) Intervalos 52 - 17: Esta técnica se utiliza mucho en ciertas escuelas, pues se ha encontrado que 52 minutos es el intervalo que funciona mejor para tareas que requieren periodos más largos que los sugeridos por la técnica Pomodoro, pero no tan largos que cansen a las personas. Una vez terminado el plazo de trabajo, se otorgan 17 minutos parea que la gente se despeje, que pueda respirar, mover las piernas (recuerde que sentado, el metabolismo se ralentiza, entonces es menester que las personas caminen para reactivar la circulación, la respiración, la carga enzimática que beneficia al organismo y la concentración).

3) Trabajo de 90 minutos y receso de 30 minutos. Esto es recomendable para personas que necesitan periodos amplios de concentración plena (por ejemplo, escritores, creativos) y  se puede hacer al inicio del día, sin acceso a correos electrónicos, llamadas, y después al inicio de la tarde. También es útil para conferencias que no sea posible partir en pedazos más pequeños.

Ahora bien, estas son meras sugerencias, y depende de su capacidad de concentrarse por periodos cortos o más largos durante un día de trabajo, la naturaleza de la tarea, las capacidades de su equipo; para que esto funcione, se tienen varios requisitos:

a) Elimine distractores, particularmente teléfonos, tabletas, correos electrónicos. La raíz del mal de este tiempo son justamente los distractores.

b) Tenga a la mano todo lo que vaya a utilizar (ver el artículo Primero lo Primero). Si no prepara con antelación sus herramientas, lo más probable es que en el camino entren las distracciones en su mente o en la sala de juntas.

c) Clarifique su propósito y no lo deje hasta haberlo finalizado o hasta haber completado la etapa asignada. Si no tiene el propósito claro, o la etapa que va a concluir en esa sesión, es probable que la deje para después, y ese después nunca llegue. Es más, si no tiene su propósito claro, no debería meterse en una sesión de trabajo concentrado.


Otros artículos recomendados de este blog:

 

Referencias

https://hbr.org/2013/09/make-time-for-the-work-that-matters

https://www.themuse.com/advice/take-it-from-someone-who-hates-productivity-hacksthe-pomodoro-technique-actually-works

https://www.themuse.com/advice/the-rule-of-52-and-17-its-random-but-it-ups-your-productivity

https://productivesuperdad.com/the-pomodoro-technique/

Una recomendación a un resumen de un libro que habla sobre la concentración en el trabajo: https://youtu.be/2T0xafuP-JM


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