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03 diciembre 2024

✂️ Despido silencioso y renuncia silenciosa 🧨

Cuando llegó la pandemia de Covid 19, muchas empresas decidieron ajustar sus procesos y enviar a las personas a su casa, para mantener el ritmo de trabajo sin exponer a contagios. Con franqueza, no se esperaba que fuera tanto tiempo, y en los meses que duró la encerrona, muchas personas cambiaron su vida de manera radical: se casaron, se divorciaron, tuvieron hijos, iniciaron negocios, o simplemente se acostumbraron a no ir al trabajo y el tiempo que usaban en traslado lo utilizaron en diversas actividades. Cuando se empezó a regresar al personal a las oficinas, ya fuera de tiempo parcial (desde 1 hasta 3 días) o completo, hubo quienes ya no les acomodó dar vuelta atrás y pasar en el tráfico entre 5 y 20 horas a la semana. Y en ese retorno, surgieron dos fenómenos que se han exacerbado:

Renuncia silenciosa: Esta condición se da cuando el empleado ya no tiene el mismo interés en laborar con la intensidad que antes lo hacía, y decide bajar su perfil para que no se le incluya en nuevos proyectos que requerirían más tiempo frente a la computadora de casa, o definitivamente ir a la oficina más tiempo. Evidentemente, la compañía puede reaccionar y buscar la inclusión involuntaria en otras actividades para justificar el sueldo que le paga, pero el empleado busca la manera de salirse rápido de esas actividades para no perturbar su paz. También es posible que se haya llegado a este "estado de ánimo" porque se han tenido malos jefes que han promovido a personas sin talento, que se haya llegado a un techo de cristal, o no se tenga muy buena relación con quienes deciden, y la apatía, el desinterés y la escasez de oportunidades hagan que las personas sólo quieran "pasar desapercibidas". Han renunciado, pero siguen en el puesto.

Despido silencioso: La empresa ya no quiere a una o varias personas, y prácticamente las olvida, les niega implícita o explícitamente los logros de su actividad, les hace de lado cuando se trata de aumentos y/o promociones, ya no los invita a proyectos en los que antes era habitual, tratando de que se aburran, se sientan prácticamente muebles, y terminen cediendo y renunciando. Esto se ve más ahora que la tecnología ha cambiado, que hay nuevo personal, que se hace necesaria la interacción social, pero cuando las personas, antes animosas, ahora tienen otros intereses, pues la compañía responde haciéndolos a un lado; o lo contrario, la empresa los inunda de trabajo, pone en evidencia sus deficiencias, les hace buscar la salida pero sin el pago de la prima por un despido (es decir, obliga a que los empleados renuncien ya sea por abandono o por sobrepresión). Están despedidos desde hace tiempo, sólo falta la salida formal.

Obviamente, ninguna de estas condiciones son deseables, pero son muy visibles en los años pospandemia, y más visibles cuando las personas se enrolaron en actividades que les son más gratificantes que regresar a los años prepandemia. Cuando trabajé en Honda, en Ciudad de México, invertía entre 15 y 20 horas a la semana en traslados, y créame que hoy no buscaría un reto profesional que implicara ese desgaste y lejanía con la familia. Porque en tanto tiempo de traslado, nadie gana, ni la empresa ni el empleado. Y eso les pasa a muchas personas que encontraron una rutina de ejercicio o beneficio corporal, el cuidado de un familiar, nuevos hijos, algún oficio que pueden alternar con su empleo. 

Sin embargo, hay quienes, al contrario, buscan contar con las experiencias que les da el retorno completo a la oficina (las generaciones que se graduaron en pandemia de Covid y que no había ido cinco días a la semana a la oficina, ahora gozan de compartir sus vehículos con compañeros que no habían conocido).

Y esto es sólo el comienzo, pues hay que pensar cómo podría impactar el hecho de empezar a ser reemplazado por algoritmos de IA: muchos proyectos pueden ser desviados a rutinas de IA, haciendo que muchos empleados sean puestos en tareas básicas, aburridas, y que sientan que se les está desperdiciando.

Evidentemente, estas conductas pueden repercutir en los indicadores de Rotación y Ausentismo, que puede consultar en Indicadores clave de desempeño - Edición 2024.


Si le gustó este texto, le fue de utilidad o cree que lo será para alguien más, mucho le agradeceré recomendarlo y/o compartirlo, y adicionalmente, le pido que me haga llegar algún comentario o recomendación para la mejora, ya que esta serie de artículos las incluiré en un libro que está en preparación; mi contacto es 300indicadores@gmail.com. Finalmente le invito a conocer mis obras:

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🎥 Página de Youtube: https://www.youtube.com/channel/UCaewn4WauMJHwsJ1lP4pLBg


 Actualización: 03 de diciembre de 2024 

11 noviembre 2022

Síndrome de Ganímedes: Eres bueno sólo para una cosa

En el artículo anterior, hablé del síndrome de boreout, que es el conjunto de condiciones por las cuales un empleado se siente abandonado, olvidado, que no es tomado en cuenta por su superior o sólo lo hace de manera muy esporádica, y decide salir de la empresa antes que seguir sintiéndose un florero.

Muy relacionado con ello, está el síndrome de Ganímedes, en el cual el jefe decide utilizar una y solo una cualidad de algún empleado, en la cual alguna vez fue especialmente bueno, pero lo confina a ese papel, y eventualmente se vuelve un trabajo rutinario y tedioso, lo que muchas veces ocasiona la salida de talento, debido a que se sienten infrautilizados. Podríamos pensar que el síndrome de Ganímedes es la antesala del boreout, la salida del personal que quedó atrapado, olvidado, relegado del progreso.

Como comentario cultural, Ganímedes fue una figura mitológica a la que le fue asignada una sola tarea por el resto de los tiempos: servir copas en el Olimpo, para exhibir su belleza. Y eso, rápidamente, se convirtió en una prisión ocupacional, una tortura.

En las empresas, ¿cuántas veces no hemos visto que una persona sólo hace una cosa, que es conveniente a juicio del jefe, pero en perjuicio absoluto del trabajador, que ve relegadas otras capacidades al olvido? Yo mismo he platicado con personas que están aburridas de sus tareas, y son excelentes para otras cosas, pero "alguien" decidió que su toda su tarea en la vida fue contestar el teléfono, abrir una puerta, o ser chofer? Y no es que esto sea malo, pero hacer lo mismo siempre, sin posibilidad de avanzar, es una muerte laboral lenta y cruel.

El síndrome de Ganímedes es visible también en las escuelas, donde se selecciona a una persona para una tarea, y de ahí no la sacan: antes era bueno para sacar copias, y se pasaba la vida en ello; o el alumno que se pasa la vida de recadero, e incluso es relegado de las actividades académicas para hacer esa función que beneficia al maestro pero no al alumno. Incluso podríamos exagerar un poco, pero hasta en las relaciones personales, hay gente que ocupa a sus parejas y/o mascotas para un sólo fin, sin ayudarles en su desarrollo, diciéndoles incluso "sólo eres bueno para X o Y actividad".

Evidentemente, esto pasa por un mal liderazgo o una persona tóxica, por alguien mezquino y autocrático que sólo piensa en las personas como engranes y no en seres inteligentes y emocionales que pueden aportar más a la empresa, la sociedad o la familia, que sólo una tarea, que a lo mejor fue útil en algún momento, pero que deja confinado otros talentos. El remedio es buscar qué otras aportaciones pueden hacer las personas en la empresa, y seguramente más de una vez, nos sorprenderemos gratamente por encontrar talentos ocultos, y sacar del confinamiento que alguna vez se hizo; ese es justamente el síntoma del verdadero liderazgo: encontrar y pulir los talentos de los colaboradores, para beneficio de la organización y crecimiento personal.



Esta es, sin duda, una de las razones por las cuales se tienen muchas bajas en las organizaciones. Aquí cabe muy bien esa frase que dice "uno renuncia al jefe, no a la empresa". Y ahora la reflexión: ¿ha caído usted alguna vez en el confinamiento, o bien, ha dejado a alguien estancado, ignorando qué otros talentos puede ofrecerle?

Le recomiendo leer el artículo "La renuncia silenciosa", también publicado en este blog.


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27 octubre 2022

Síndrome de Karoshi: Trabajar ⚙️ hasta la muerte ☠️

Muchos hemos conocido a personas adictas al trabajo, workoholiccuya responsabilidad excede la normalidad y quieren cumplir con todo y con todos, aunque eso repercuta en su salud e incluso, que los lleve a la muerte. Cuando trabajaba en una empresa automotriz japonesa, me enteré que un compañero de trabajo, de unos 38 años, tratando de cumplir con lo solicitado por sus entonces jefes, estuvo respondiendo correos hasta altas horas de la noche del sábado, y el domingo amaneció muerto por un paro cardíaco. Eso sí es llevar el trabajo hasta niveles mortales de stress. En el mismo periodo, la filial en Puerto Rico nos informó de otra persona que tuvo amenaza de infarto, y desde esa fecha, todo el personal fue enviado a gozar debidamente de sus vacaciones, reteniéndoles la laptop en la oficina, para lograr una desconexión completa. Y yo creo que prácticamente todos conocemos a alguien que haya tenido un episodio de presión alta, desvanecimiento, u otro síntoma de fatiga laboral.



El síndrome de Karoshi es un término que proviene de Japón, y que se refiere a morir por exceso de trabajo. Esto ocurre cuando las personas son sometidas (por su voluntad, o la de un jefe extremo) a largos periodos de stress, que incluyen ayunos o comidas muy rápidas y en el escritorio, dormir poco o nada, no tener descanso ni vacaciones, mantenerse alerta 24 horas por 365 días. Esto, aunado a someterse a la tiranía del reloj y de plazos siempre ajustados, trabajos sedentarios que conllevan a hipertensión, tarde o temprano perjudican la salud.

Por supuesto, muchas personas tienen miedo a quedarse sin trabajo, por lo que aceptan la carga laboral aunque saben que pueden pagar con su salud las exigencias. También, la competencia de las nuevas generaciones, que tienen una preparación diferente y una mayor energía, hace que algunas personas se entreguen a cumplir las demandas que muchas veces les generan horarios poco usuales, y lo hacen por largos periodos pensando que todo tiempo futuro será mejor, cuando lentamente van minando su salud al descuidar el manejo del stress, la comida saludable, la actividad física, al abandonarse al trabajo y sólo al trabajo.

No quisiera que se malentienda: No estoy en contra de ciertos periodos de stress, por proyectos especiales, por objetivos retadores (hace algún tiempo escribí un artículo sobre "tensión creativa", pero este concepto es autolimitante). Pero si no cuidamos la salud, si el trabajo (y sólo el trabajo) nos define como personas, si anteponemos permanentemente cumplir las demandas laborales a nuestros seres queridos o a nuestra propia vida... me parece que sí hay un desbalance.

Si las personas trabajan más de 60 o 70 horas a la semana, si mandan (y esperan respuesta) mensajes y correos más allá de las 10 de la noche y antes de las 5 de la mañana o en domingo a cualquier hora, si siempre se llevan trabajo a la casa, si pierden días y días de vacaciones porque nunca en el año tienen tiempo para disfrutarlas porque se olvidan de la familia (o piden vacaciones pero siguen trabajando como ordinariamente), si en sus análisis médicos salen recurrentemente con presión alta y elevados niveles de triglicéridos, si sus exigencias laborales son excesivas, si frecuentemente amenazan con despidos si el trabajo no se cumple como lo solicitan, si su tasa de rotación de personal está más allá del 20% anual, si hay personal que sufre del agotamiento o burnout (fase que antecede al síndrome de Karoshi), seguramente está en presencia de alguien que en un futuro tendrá problemas de salud por exceso de trabajo (sea jefe o empleado), e incluso puede morir en el escritorio.

Las acciones preventivas respecto al síndrome de Karoshi se dividen en individuales y organizacionales. Las individuales sencillamente son evaluar objetivamente el trabajo (la carga, exigencia, implicaciones) y decidir en función de los objetivos individuales si conviene seguir en el puesto, con la empresa, con el jefe. Las acciones organizacionales involucran revisión de las cargas laborales, establecimiento de pausas, goce de días de descanso sin conexión con el trabajo, motivación para el cuidado personal de la salud, incluso se puede llegar a un amonestamiento al jefe que pida que los empleados renuncien a sus vacaciones, que trabajen en ellas, o que pida que, rutinariamente, se lleven el trabajo a sus casas. Pero si la empresa lo alienta o el jefe está protegido por la organización, entonces no hay mucho para pensar: se queda en el ambiente tóxico con la carga social y emocional, o lo deja para cuidar su salud y su vida.

Finalmente, una reflexión: Si usted entrara a una empresa donde se corren rumores de que, en el pasado, hubo personas que murieron trabajando, ¿se quedaría? Pocas cosas dañan la reputación de una organización, como que haya historias de trabajadores que se quedaron en el escritorio, ¿no cree?

Le recomiendo leer el artículo "Síndrome de Hybris o enfermedad del CEO", también publicado en este blog.


Referencia:

Castañeda Aguilera, Enrique. (2010). Adicción al trabajo (workaholism): Patología psicosocial del siglo XXI. Salud de los Trabajadores18(1), 57-66. Recuperado en 26 de octubre de 2022, de http://ve.scielo.org/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1315-01382010000100006&lng=es&tlng=es.


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05 septiembre 2022

🕕 La renuncia silenciosa

Aunque oficialmente no se ha terminado, el tsunami económico que dejó el Covid 19, podríamos decir que fue de marzo de 2020 a mitad del 2022. Uno de los efectos laborales que dejó esta pandemia, fue una horda de trabajadores agotados, quemados (burn out), debido al alargamiento de las jornadas laborales, al trabajo muchas veces en solitario (literalmente, encerrado en una pequeña oficina), a un aislamiento necesario pero amargo. Alguien mencionó que era la tiranía del teletrabajo, y quizás tenga razón. Esto se dio en buena medida, porque muchos jefes, en la imposibilidad de tener presentes físicamente a sus trabajadores, pensaron que estando en su casa iban a tener mucho tiempo libre, y los llenaron de trabajo, reportes y proyectos, bajo el argumento de "no pueden ir a ningún lado". En ese sentido, fue que escribí el artículo: Agotamiento y soledad en el trabajo.

Durante 2020, 2021 e inicios de 2022, muchas personas aguantaron el incremento de la carga laboral entendiendo que no era un buen momento para la búsqueda de nuevas oportunidades, pero en estos últimos meses en que ya se ha normalizado la situación, muchos empleados conservan su trabajo pero su mente ya está más allá de su labor cotidiana, y empieza a pensar en abandonar la nave; pero en la incertidumbre de una posible crisis inflacionaria, no se animan a renunciar así nada más, de modo que renuncian "mentalmente" y hacen lo mínimo indispensable para que no los corran, pero ya no tienen puesta la camiseta. Esto se ha llamado renuncia silenciosa o quiet quitting.

Otra característica es que los empleados que están en esta condición, renuncian a tomar responsabilidades extra, no quieren tener más compromisos que lo esencial dentro de su jornada laboral, ya que mentalmente están exhaustos o quieren enfocar su atención en otras tareas que puede incluir la búsqueda de un nuevo trabajo.

Lo interesante del caso es que esta condición, que no es nueva (siempre ha habido rotación), sí se ha manifestado con más fuerza y, dado el teletrabajo, le ha permitido a muchas personas buscar otro trabajo sin desatender el primero, pues tienen dos computadoras en su escritorio, aprovechan el aislamiento y el mucho tiempo ante la pantalla. No es raro ver a gente que se conecta antes de la jornada y se desconecta mucho después de que ha terminado su horario nominal, aunque no necesariamente están haciendo cosas para la compañía que les paga, sino se dedican a temas personales.

Por supuesto, esto no es la generalidad, pero de acuerdo con algunos empleadores, sí causa preocupación una posible oleada de renuncias para encontrar trabajos donde se tenga un mejor balance de vida, o que se reduzcan los récords de productividad alcanzados en la pandemia, por efecto de un agotamiento colectivo. 

Ahora, hay otra vertiente. Como algunos trabajadores crearon un nuevo estilo de vida durante los meses de encierro, ya no están dispuestos a renunciar a ello y quieren mantener su trabajo al tiempo que conservan su "nueva" rutina (salir a caminar cerca de su domicilio con las mascotas a las 6 PM, tener tiempo de arreglar su jardín, mantener su pasatiempo que los salvó mentalmente en el encierro) y renuncian a nuevas cargas laborales sin dejar el trabajo que los mantiene, lo cual puede ser un síntoma de alerta para algunos empleadores: ellos esperarían tener el equipo dispuesto para enfrentar nuevos retos (que los hay, en la era postpandemia), pero parte del equipo ya no está en disposición de andar la milla extra y enfrentar los nuevos desafíos.

¿Cuántas personas que están en esta condición, estarán leyendo este artículo ahora mismo, y se sienten identificados, e incluso, pueden estar buscando silenciosamente, una mejor oportunidad laboral?


Referencias:

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