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Síndrome de Anat: Apropiarse del trabajo ajeno 🤬

Seguramente le ha pasado en algún momento de su trayectoria académica o en su carrera profesional: Usted tuvo una idea que le parecía buena, la presentó al jefe, le dio su opinión sin gran emoción (le dijo que lo pensaría o que definitivamente no le veía mucho futuro), y tiempo después resulta que se entera que su idea ha sido presentada a otro nivel, y que su jefe ha sido felicitado o hasta lo promovieron, y usted simplemente que queda con nada más que su coraje. Ha sido víctima del síndrome de Anat.



A la mexicana, diríamos que esa persona es un o una gandalla, y el diccionario del español de México, indica que es una persona que "que saca partido de todo, sin consideración ni respeto por los demás; aprovechado". Tal cual. No es difícil identificar las conductas de las personas que padecen este deseo de apropiación ajena: Oportunistas, personas que aportan poco, faltos de consideraciones éticas, visible en organizaciones verticales donde el acenso está muy limitado, en sitios donde se promueva una competitividad mal entendida, y puede ser causa o consecuencia de una elevada desmotivación de las personas y de una alta rotación del personal.

El síndrome de Anat es harina de muchos costales: en el mundo académico, hay multitud de anécdotas de profesores o directores de proyectos que presentan las ideas o descubrimientos de sus alumnos como propias, amenazándolos con correrlos o desacreditarlos si los delatan; también en las empresas, muchos jefes que buscan progreso a costa de todo, cuando perciben una buena idea la aislan, critican o bloquean, para que puedan ellos presentarla ante los jefes, sin darle crédito a la persona o al equipo de origen. Claro que esto mina de manera importante el clima organizacional, la confianza, y las personas buscan su salida ya que se saben esclavos de alguien sin escrúpulos; pero quienes se quedan, pueden sufrir el hostigamiento del mismo jefe, que exige más ideas bajo la amenaza del despido. Esto crea una situación anímica extrema: si los empleados no aportan ideas, se van; si aportan ideas (que se apropiará el jefe), son amenazados si le delatan. Por eso, un jefe que padece el síndrome de Anat, es tóxico por donde se le vea, y si la organización lo protege, no hay mucho más remedio que salir o mantenerse en la oscuridad.

Este síndrome puede estar impulsado desde la propia empresa, donde se premia la competitividad de las personas, y cuando una o varias de ellas se ven atrapadas por el empuje de sus competidores, no dudan en apropiarse de las ideas de los equipos. No es ético, pero quienes se ven en esta situación, se sienten forzados a sacar recursos de donde sea, al precio que sea, con tal de salvar su cabeza (al menos, momentáneamente).

Con fortuna, mucho de este estilo gerencial, vertical y autoritario, se ha visto rebasado por nuevas prácticas administrativas, por más canales de comunicación, incluso por la posibilidad de documentar el trabajo en redes sociales, y hasta por la libertad para decidir moverse de empleo y no quedarse a la sombra de una persona tóxica y aprovechada, que le quite lo mejor de sus años laborales.

Artículos relacionados: Síndrome de Karoshi (trabajar hasta la muerte) y Rank and yank (evaluación competitiva del talento).


Referencia:

Diccionario del español de México: https://dem.colmex.mx/Inicio


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