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19 octubre 2026

Meritocracia

 Juan el emprendedor estaba escuchando el noticiero matutino, lo hacía casi de manera mecánica, mientras se preparaba para ir a su trabajo en su negocio. El mismo noticiero, la misma conductora, un analista que había escuchado en otra ocasión, cuando de pronto dijo algo que le llamó la atención y que se enganchó en su mente:

“Meritocracia”

Era un término nuevo, Juan el emprendedor no lo había escuchado, pero entendía el sentido. Se trata del gobierno de quien tuviera más méritos (lo difícil era decidir qué era un mérito, porque había logros académicos, económicos, sociales, etc.). Sin embargo, la palabrita era de sentido común, pensaba.

Y por un impulso, consultó en su teléfono cuál era la palabra opuesta. Caquistocracia, que el buscador le dijo que era  el gobierno de los peores, aquel sistema en el que el poder es ejercido por las personas más ineptas, incompetentes, cínicas, las menos calificadas.

Újule -pensó, qué cerca de la realidad.

Entonces, la meritocracia no eran los ricos, ni las masas. Porque ser rico no es mérito de todos, quizás lo fue de alguien que supo generar riqueza, pero luego muchos la disfrutarían. Tampoco era meritorio ser de las masas. No era malo, pero tampoco destacable. En algún momento, todos formamos parte de una masa humana, pero como le habían enseñado hacía muchos años, era importante destacar, sobresalir, tener aspiraciones. Aunque hubiera quien dijera lo contrario.

Y Juan, como antes había hecho, pensó en cómo aplicaría eso a su negocio. Y eso significaba que él, como dueño, debería esforzarse para tener más méritos (conocimiento, experiencia, capacidad de resolución, liderazgo, contactos) que sus empleados. No era competencia, pero como le había dicho su abuelo, “para saber mandar, hay que saber hacer”, y entonces tenía que saberle a todo, de todos.

Y se fue con eso a trabajar. Pero en el curso de la mañana, escuchó un spot promocional del gobierno, que presumía que todos los estudiantes tenían una beca. ¿Por qué, que no deberían estar becados, premiados, sólo quienes tuvieran méritos? Si todos tenían derecho a la beca, era posible que tuvieran el apoyo los alumnos que no estudiaran, que no se esforzaran, que no tuvieran méritos, y no le parecía justo porque se premiaba el conformismo. Total, de todas formas recibo mi beca. Y eso era veneno para los siguientes grados, donde de verdad tuvieran que esforzarse, y en la vida adulta sería perjudicial para las empresas, pues muchos empleados tenían la misma actitud: querían sueldo sin esfuerzo. Y no, nomás no.

Y Juan pensó: Era como si en su empresa le diera bono de puntualidad a todos, aunque no lo merecieran. Al final, no sería un premio sino una obligación. Recordaba lo que le habían dicho en un curso: "lo que permites, lo promueves. Y si lo pagas, lo garantizas". Y la única garantía en una empresa era el trabajo duro, pues ni siquiera con un esfuerzo cotidiano podía garantizarse el éxito. Ya había pasado por épocas donde trabajaba de sol a sol, y los clientes no llegaban en cantidad suficiente para mantener a flote a la empresa.

Así que en su empresa se premiaría el mérito. Nada de bonos por nada. Trabajo firme, diario, disciplina, y al final, resultados. El que quisiera subirse, bienvenido, y el que no, pues no lo extrañarían. Porque Juan pensaba que la calidad era un mérito del trabajo, no algo dado por default.


Si le parece que el contenido fue de utilidad, le agradeceré recomendar y/o compartir este artículo, y si tiene comentarios adicionales, me escriba a 300indicadores@gmail.com.


   Fecha de actualización: 19 de octubre de 2026   

Meritocracia

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