Muchas personas piensan que sólo se aprende del éxito; viven tratando de imitar a empresarios, deportistas, influencers que han destacado. Creen que el secreto del éxito está en una sola práctica. De hecho, en las empresas muchas personas están ávidas de best practices, es decir, saltarse toda la prueba y error y apuntar directo al resultado dorado.
Pero parecería que están viendo la película equivocada. Muchas veces llegar a una mejor práctica significa pasar de una idea simple, discutirla, probarla, ajustarla, socializarla con el equipo, evangelizar a otras personas, sostenerla, incentivarla, y voilá, súbitamente es la joya de la corona. Pero hay que voltear a ver el proceso, qué salió bien y qué hubo que ajustar, qué otras iniciativas fueron afectadas, cuánto costó en tiempo y en económico. Nada es gratis, nada se convierte en oro de la noche a la mañana, pero nuestra época está llena de publicidad respecto a que cualquier persona puede volverse millonaria en 30 días, siguiendo unos cuantos consejos. Es un espejismo, pues parece que el éxito económico es fácilmente alcanzable.
Hay un ejemplo clásico, y que le da nombre a esta tendencia mental: durante la segunda guerra mundial, los aviones que regresaron con balazos en el fuselaje eran los sobrevivientes, porque les habían dañado en áreas no críticas; los fabricantes pensaron que reforzando esas áreas aumentaría la posibilidad de éxito, hasta que un matemático sugirió que había que reforzar las áreas de aquellos que no volvían, y justo no volvían porque les habían afectado áreas críticas. Los que volvían eran el espejismo, los supervivientes; la realidad era los que no regresaban a la base. Por ello se llamó sesgo del superviviente.
Entonces, para el éxito de un vendedor, no hay que dejarse engañar porque otro buen vendedor tenga un portafolios costoso, o una blanca sonrisa. Seguro afecta, pero quizás eso no sea todo, o eso sólo sea el resultado de una práctica destilada, y hay que ver cómo empezó y qué proceso siguió para aprender de los fracasos. Porque toda práctica tendrá fracasos, estancamientos, despidos, quizás lesiones (como en los bailarines y deportistas), y no se puede solo copiar una buena práctica para ser triunfador, sino que esa práctica está afectada por el entorno.
Cuidado entonces con el espejismo del ganador o sesgo del superviviente: Podemos caer en la trampa de ver lo que parece ser un factor aislado que trajo el éxito, sin atender a lo que rodea (y lo que costó) ese factor aparentemente tan sencillo.
Tengo otro ejemplo: Muchas personas abandonaron sus estudios universitarios cuando supieron que Bill Gates y Steve Jobs los habían dejado para liderar una empresa que se convertiría en referente, cada quien en su sector. Pero la tasa de éxito de aquellos que dejaron sus estudios no superó a quienes sí los habían terminado. Es decir, la buena práctica no era dejar los estudios, sino que había mucho más en el entorno y la capacidad personal, por la cual efectivamente se convirtieron en líderes. El caso contrario fueron Bill Hewlett y Dave Packard que no abandonaron sus estudios pero también fueron exitosos.
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Fecha de actualización: 04 de junio de 2026
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